La actitud puede entenderse como la disposición psicoemocional que presenta una persona en determinadas situaciones y en diversos contextos, tanto laborales como personales. Esta influye no solo en su propio comportamiento, sino también en el de los demás, pudiendo afectar el éxito en el logro de objetivos y metas organizacionales.
Está compuesta por tres componentes fundamentales:
* Cognitivo: relacionado con los pensamientos, conocimientos y creencias.
* Conductual: referido a la forma en que una persona actúa en determinadas situaciones.
* Afectivo: vinculado a las emociones y sentimientos.
Entre sus principales características se destaca que no es innata, es decir, no nacemos con ella, sino que se desarrolla y aprende a lo largo del tiempo mediante la interacción con los demás. Además, no es fija, ya que puede cambiar o adaptarse, siendo sensible a las circunstancias del entorno.
Es importante diferenciar la actitud de la aptitud. La aptitud se refiere a las capacidades que posee una persona para realizar una tarea específica, de acuerdo con sus conocimientos y competencias técnicas o intelectuales. Una actitud positiva se asocia con personas capaces de generar ambientes laborales y personales positivos, respetuosos, adecuados y alegres. Un programa de Coaching Cognitivo-Conductual permite adquirir las herramientas necesarias para desarrollar una actitud positiva.
“A las personas las contratan por sus aptitudes, pero las desvinculan por sus actitudes.”



