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¿Cuándo es necesario recurrir a terapia de pareja?

Vivir en pareja es una hermosa forma de acompañarse en la vida, y de ir creciendo y madurando acompañado. Pero por otro lado, también es un desafío no perderse en e gallito de querer cambiar al otro, en la distancia que provoca el no hacer nada, o creer que la vida en conjunto es mágica y llevada sólo por el azar.

Siempre es bueno buscar ayuda psicoterapéutica si aparecen las siguientes sensaciones, y sobre todo si llevamos mucho tiempo sintiéndolas:

  • Cuando se pierde la ternura, y la relación se vuelve «práctica», como si fuéramos colegas. Cuando la racionalidad impera, nos distanciamos de los matices que provocan las emociones. La ternura es el aceite que hace funcionar el motor del amor.
  • Cuando el pasado siempre vuelve. Si en cada discusión terminamos sacando a flote heridas no resueltas, o vivencias no perdonadas, discutir por un presente se hace difícil, dado que se descontextualiza el motivo de discusión. Perdonar es parte de la ecuación de vivir en pareja, y es la clave para poder fluir en el presente.
  • Si la dinámica de vida es en los extremos. Osea, parejas que «nunca» discuten, que viven en una aparente calma, y que por ende no resuelven; y por otro lado, parejas que pelean todos los días por cualquier cosa, y que su modus operandi es estar en constante tensión.
  • Cuando empezamos a callar. Cuando por no tener problemas, o por no saber comunicar lo que sentimos, caemos en el error de comenzar a callar. Comenzamos a aceptar lo inaceptable, hasta llegar en algún momento a explotar. Silenciar lo que sentimos puede convertirse en una peligrosa bomba.
  • Cuando sentimos la difícil sensación de «soledad acompañada». Compartimos techo, hijos y actividades, pero ya no hay intimidad, ni física ni emocional. Estamos juntos, nos ven juntos, pero sentimos una dolorosa e infinita soledad.

Si te sientes en las anteriores situaciones, no esperas a que esas difíciles emociones empiecen a crecer. Los conflictos son como una bola de nieve, que de a poco van creciendo. La gracia es saber identificarlos a tiempo, y enfrentarlos cuando la bola sea llevadera y tratable, y no cuando ya sea una avalancha de frustraciones y tensiones.

Juan Pablo Westphal

Psicólogo Adultos y Adolescentes